Máximo González Jurado

Compromiso Enfermero con Máximo González Jurado

Para la tranquilidad de los viajeros

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fotoaeropuertomaximoComo muchos otros profesionales, los enfermeros de aeropuerto hacen un trabajo en la sombra. Maleta en mano, nerviosos, con prisas o ansiosos por reencontrarse con alguien, los cientos de miles de personas que pisan un gran aeropuerto a diario no suelen pensar en que puede sufrir un percance relacionado con la salud en ese lugar. Pero, de producirse, un magnífico personal sanitario puede salvarle la vida. Varios enfermeros especializados en urgencias y emergencias forman parte de un equipo que trabaja en este entorno tan complejo. Y es complejo porque grandes aeropuertos como el Adolfo Suárez de Madrid o El Prat, en Barcelona, son en realidad miniciudades con miles de trabajadores que sumar a los pasajeros. Sólo en Barajas, atendieron el año pasado a cerca de 11.500 personas. Si los usuarios del aeropuerto fueran conscientes de que existe un servicio sanitario sin duda acudirían mucho más, puesto que ahora sólo demanda asistencia quien de verdad tiene un problema grave.

Los enfermeros de aeropuerto se enfrentan, además, al gran reto de la versatilidad y la polivalencia. Deben atender por igual a ancianos, recién nacidos, niños, enfermos crónicos… y una amalgama enorme de posibles patologías. Deben poseer conocimientos actualizados de cardiología, traumatología, neurología o pediatría, además de los reflejos que caracterizan al enfermero de emergencias.

Viene a mi memoria el trágico accidente de Spanair de hace unos años. En los primeros momentos el personal que puede intervenir y comenzar a salvar vidas y organizar el triage es aquel que trabaja en el propio escenario de la catástrofe. No todas las situaciones son tan extremas y luctuosas, pero estos enfermeros realizan una labor encomiable en un entorno muy especial. Debemos tener en cuenta que las circunstancias de trabajo pueden no ser nada favorables. Imaginemos un avión en pista en el que un pasajero requiere asistencia. Trabajar en un espacio tan angosto requiere mucha pericia. O prestar atención a alguien rodeado de los centenares de personas que deambulan a la espera de que salga su vuelo. Además, el crisol de culturas y nacionalidades que confluyen en el aeropuerto exige un plus de capacidad de comunicación y mano izquierda.

Así que, a partir de ahora, cuando pasemos por un aeropuerto, debemos pensar: “Tranquilos, aquí trabajan varios compañeros”.

Desde estas líneas os invito a leer el último numero de la revista Enfermería Facultativa dónde varios enfermeros de aeropuerto relatan cómo es su día a día.

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Autor: Máximo González jurado

Soy el actual presidente (2013) del Consejo General de Colegios Oficiales de Enfermería de España. Graduado en Enfermería y Podología y licenciado en Antropología. Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid.

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